Fue “abortada como un vómito rabioso” por la transformista Dita Inmundicia Parthon, y su corporalidad crítica y under ha recorrido todo Valparaíso travestida como La Veneno, Cruella de Vil y Pamela Jiles. En esta entrevista, la artista transperformática del Puerto vindica la memoria travesti y acaricia las complicidades ancestrales del trabajo sexual. También desmitifica al movimiento feminista y asegura ser la “puta” de Gabriel Boric. Ella es Organa Feminazi.

Un retrato en blanco y negro destaca en una estantería donde se acumulan libros, pequeñas tazas y figuras de colección. Es una imagen de la reconocida artista trans Organa Feminazi. La foto devela el gesto de femme fatale que tanto la mitifica. Mi presencia en su casa es nada más que incidental. Luego de algunos mensajes por Instagram logramos coordinar una entrevista. Le conté que su personaje era perfecto, y accedió. A medida que me incorporo en el comedor de su casa, sigo observando la imagen que contrasta con la persona que me recibió hace algunos minutos: sin maquillaje, sin tacones, sin peluca. Piel blanca, un poco tímida. Me pregunta si quiero una taza de té. “De preferencia manzanilla”, le respondo. ¿Quién es realmente Organa?

Me acerco a la mesa y vuelvo a la imagen del librero. En unos minutos me trae una tacita con el líquido caliente. Se va a la cocina. Espero sentado en la sala. “¡Voy altiro!”, me dice con voz delicada.

Organa irrumpió en la escena porteña como orgasmo rápido y contundente. A meses de la revuelta del 18 de octubre de 2019, cargó en su mano una cabeza de utilería del expresidente Sebastián Piñera en la “Anti Gala”, una bestial funa contra Virginia Reginatto y su Festival de Viña. En sus incómodas intervenciones ha dado vida a una travestida Pamela Jiles en “Farándula Cruel”, performance que hizo frente al Congreso donde palabreó a toda la derecha conservadora. En el reciente estreno del microdocumental “Necrocracia”, desborda toda su artillería teatral en medio de una sátira política travesti, junto a las dragqueens Anna Balmánica y Mamma Virginia. Las instituciones siempre han sido su deleite y el Congreso su fetiche.

Cuando vuelve de la cocina, se sienta y comienza a rasgar con sus sutiles uñas la superficie de la mesa que nos divide, sé que es momento de iniciar la conversación…

Cuenta la leyenda que naciste de la entrepierna de la transformista porteña Dita Inmundicia Parthon

Yo contemplo en mi historia política crítica hartas madres, hartas maternidades incorrectas de lo que ha sido para mí vincularme en el mundo de los activismos y, particularmente, de lo que ha sido la disidencia sexual. Pero en lo que respecta a la maternidad artística Dita Inmundicia Parthon Ciccone es mi madre, y en ese sentido yo fui abortada por mi madre, me abortaron en el Morgana de (calle) Salvador Donoso. Lo más relevante en lo que consistió esa performance fue un vómito rabioso en términos de que me permití a mí misma el poder desplegar muchas de las profecías que, creo, se han ido cumpliendo o desmintiendo de lo que ha sido para mí la performance. Yo creo que parte importante de lo que ha significado ese nacimiento, ese aborto, ha sido confidenciarme desde la sangre, desde la carne con mi madre Dita.

Coincide mucho ese contexto con el hecho de que yo me reintegré a los activismos de la disidencia sexual en Valparaíso, después de haber agitado otros activismos en La Araucanía, y que eso también tuvo unos deslices bastante incómodos para la institucionalidad y particularmente para los partidismos de Temuco. Yo creo que me vi acogida por mi madre y por mis hermanas travestis en un contexto sumamente particular, que es el hecho de que se permitieron confidenciarme muchos saberes que, a mi juicio, son milenarios y que tiene que ver con las variaciones del drag, del travestismo, del trabajo sexual. Es muy valioso pa’ una pendeja chica como yo el verse confidenciada, no solo desde la inspiración, sino desde la facultad de que tus madres y hermanas te permitan adoptar un rol creativo, ideológico, sobre todo para ellas que tienen mucho más cancha y calle que uno.

Lo que rescate de ese aborto puntual es que fue una declaración de intenciones y el sello de una complicidad político creativo que es algo que yo valoro con todo mi corazón.

¿Cómo es que te vinculas con Valparaíso desde la protesta?

Para mi Valparaíso ha sido un espacio muy fértil, porque para mí es una cuna de mierda, y “el estiércol es vida”, como diría la Tota. Yo creo que una que se ha vinculado desde muy chica. Yo soy de Punta Arenas, soy oriunda del estrecho del coño sur, y mis primeras nociones de asambleísmo las tuve en colectivas y organizaciones y cooperativas anarquista de Punta Arenas, por lo tanto, desde muy chica estuve expuesta a esas lógicas de organizaciones que, por lo demás, son sumamente heterosexuales y nunca me sentí totalmente parte; sin embargo, las agradezco en términos de reconocer todo lo que no quiero en mi vida, puntalmente desde esa heterosexualidad recalcitrante. De los anarquismos también pasé a las candidaturas estudiantiles, yo tuve una fugada carrera política en la Universidad de La Frontera.

Valparaíso ha sido una cuna fértil, por toda la mierda que te declaro, y básicamente porque he reconocido en este espacio que ha sido también históricamente castigado y abnegado por la institucionalidad, y también por las políticas sexuales, porque me permitió encontrarme con todo lo que yo no encontré en los distintos espacios de organización política. Cuando veo esta tropa de travestis, a esta tropa de putas que enuncian estos sentipensares que yo no reconocía en una cooperativa anarquista, me dice mucho no solo de lo que necesitaba en mi vida, sino también las muchas cosas que no quería seguir reproduciendo en mi retórica personal.

[Insertar video: Asamblea Prostituyente]

[https://www.youtube.com/watch?v=sz5BZPHqz3o&ab_channel=RegistroContracultural]

Organa se ha convertido en Dua Lipa, Pamela Jiles, Cruella de Vil. ¿Por qué utilizar esa iconografía pop para tu devenir contestatario?

He sido muy criticada por eso a raíz de que no debería ser concebible para una maricona que se siente más identificada por retóricas anarquistas y desde esa radicalidad, apelar a constructos pop como puede ser una Dua Lipa, una Cruella de Vil, que son princesas del capitalismo para muchas colectivas; sin embargo, para mí representan la posibilidad de corromper íconos que constituyen retóricas comunes. He apelado a poder sentirme reconocible desde esos referentes porque me da la posibilidad de corromper. Y ese es un gesto farandulero. Mi escuela ha sido la farándula. Y desde ahí es donde he podido reconocer la política de la ironía como un hilo conductor de mis sentipensares personales. En ese sentido, yo reconozco y también vivo un poco de la euforia de la gente cuando ve una Cruella de Vil arrastrando un cadáver por la plaza Aníbal Pinto, cuando ve una Dua Lipa pudiendo acercarse al cambio de mando de su excliente Gabriel Boric, dijo la otra. Esa era un poco la fantasía que me interesaba: la puta que iba a ver a su cliente siendo muy exitoso en su trabajo.

Ahí apareciste agitando la cabeza de Sebastián Piñera también…

Es que ahí se cruzan las complicidades, ahí una ve a donde apoya a sus exmaridos.

En todo este tiempo has reivindicado el trabajo sexual, ¿estás a favor de su regulación?

El dialogar con las instituciones siempre va a implicar vender algo de ti a una institución que en realidad no está especialmente preocupada por tus derechos sino sacar réditos de eso. Yo creo que parte de lo que hemos entendido desde quienes hemos resignificado la visibilización y la regulación del trabajo sexual, ha sido de reconocer enemigos. Yo no soy arisca ni me pongo muy tímida a la hora de reconocer enemigos. Uno de los grandes enemigos han sido las feministas abolicionistas que plantean que nosotras no deberíamos tener una voz. Eso ha dado paso también en alianzas cómplices con las feministas TERF, con las feministas antiputas, con las feministas antitravestis, a hacer una borradura histórica que es propia también de la colonización. En torno al debate de la regularización del trabajo sexual, depende muy bien de identificar donde se encuentra ese debate, y que son básicamente migajas. Se ha debatido en los medios más públicos la existencia de los barrios rojos, como si no existiesen antes. Las intenciones que tengan las instituciones a la hora de dialogar con las comunidades que, justamente, se desempeñan en el trabajo sexual resiste también en transparentar intenciones, y también hay gestos que hacen la diferencia.

En el marco de las ollas comunes que se agitaron desde les trabajadores sexuales como una respuesta al abandono del estado tiene matices. No sé cómo el municipio pretende que les trabajadores sexuales lleguen a las nueve de la mañana a buscar la mercadería a la semana, cuando generalmente nos quedamos hasta las seis de la mañana trabajando. Son gestos puntuales que hablan de un no reconocimiento y de una subestimación y desvalorización de estas otras narrativas.

Si volvemos al testimonio de la compañera Mitchelle Clementi, compañera anarquista trabajadora sexual travesti, que murió esperando una audiencia con el alcalde Jorge Sharp, ahí tenemos un ejemplo de cómo los municipios se han permitido dialogar con ese tipo de referentes que también han pasado a la historia como referente político.

Tú crítica también tiene que ver con el despliegue del movimiento feminista en el último tiempo, y ha sido bastante dura al respecto.

Yo me desplegué desde los feminismos, más allá de confiar ciegamente. Lo que hice fue optar por el ejercicio crítico de los feminismos entendiendo que como toda categoría cooptable, en realidad tu amiga feminista puede pasar a ser tu opresora, es cosa de ver a la señorita yuta mami Izkia Siches. Los feminismos también habitan en la derecha, Jacqueline Van Rysselberghe es una gran feminista de derecha. Es actualmente una categoría que estoy en proceso de abortar, porque no me parece un espacio seguro. No me parece tampoco coherente para mí en lo personal y lo colectivo seguir confiando en una categoría tan situada como espacio seguro, así como también se entiende sus cruces no tan lejanos con el castigo y el punitivismo. El feminismo es algo que estoy abortando, que no me hace sentido en estos minutos.

¿Se termina la lucha feminista ahora que llegó el feminismo al gobierno de Gabriel Boric?

Yo creo que el feminismo no termina, muta, y muestra su despliegue. Yo creo que en realidad hay gestos mucho más allá de lo gubernamental que son prueba de que el feminismo puede tener matices bastante fascistas: ahí tenemos los feminismos radicales; los feminismos liberales; y los feminismos TERF. En realidad, ahí tenemos los feminismos maternos, que son feminismos que una conoce muy bien desde dentro. A mí no me cabe en la cabeza cómo alguien puede desear la maternidad a estas alturas de la vida. Incluso la maternidad que se replica dentro de los espacios de trabajo sexual, y dentro de la articulación travesti. Quienes nos hemos abierto a entender la maternidad, sabemos lo dantesca, lo horrible que es la maternidad, y si hay algo que me gustaría es que se acabara. Cuando me comentas que Gabriel Boric afirma un gobierno feminista, estamos hablando de un feminismo que te criminaliza, que te tortura y que te mata. Eso es para mí el feminismo.

Te hemos visto trabajando en las cárceles de la región con personas de la comunidad LGBTI, ¿cuáles son las implicancias que ha tenido el espacio carcelario para aquellas corporalidades históricamente excluidas?

El espacio carcelario es para mí como la edificación del castigo, un gesto político muy concreto. El sistema penal obedece a ese tipo de herencia de la colonización.  Y cuando hablamos de estas premisas que suele instalar Gendarmería en torno a la reinserción, básicamente la cárcel obedece a un castigo a la pobreza. Por ejemplo, la prisión preventiva es un agravio a los derechos humanos histórico de la población, pero particularmente de las personas trans, travestis y mariconas que han sido tomadas detenidas, violadas y torturadas, y hechas desaparecer en contextos carcelarios antes durante y después de la dictadura. Eso habla muy bien respecto de qué cuerpos que han sido visibilizados y los que han sido olvidados. Yo me posiciono abolicionista del sistema carcelario, y me articulo en una colectiva que aún cree en los feminismos, que es Pájarxs entre púas, y donde también en esos encuentros parte importante de los activismos que desarrollamos tienen que ver con resignificar y tensionar desde la performance esto que es la cárcel.

En Valparaíso existe un único módulo de la diversidad, que es compartido con las personas portadoras (de VIH) y que es el único módulo existente a nivel regional. Por qué llegan las personas portadoras al módulo especial, porque hay una consigna que es “estar de la perra”, que al interior de la población penal adopta un gesto particular, y muy nostálgico a las pandemias del Sida, por ejemplo, que es el hecho de que a una persona portadora tú no la puedes tocar, no puedes compartir servicios, ni vasos, porque todo eso tiene que lavarse.

Yo creo que la permanencia de esos gestos en Gendarmería, y en la población penal, responde a esa criminalización y también al que se le siga aludiendo la pandemia del Sida a las mariconas. En ese sentido, hay una resignificación de ese cuerpo político que a mi juicio desde la performance es sumamente coherente. Y con las cabres adentro hablamos de todo. Es el único espacio donde yo me siento más contenta, que desde mi privilegio puede ser contradictorio, que asumo con creces, pero es el único espacio donde me siento escuchada y realmente validada por mis compañeres. En realidad, nos reímos, porque una de las grandes leyendas que hay en torno a mí, es que soy una persona que no tiene corazón, y están en lo cierto porque mi corazón está entre púas, entre rejas, con mis compañeras adentro de la cárcel.

El ejercicio de hacer memoria se ha convertido en una acción política de resistencia, ¿qué te lleva a decir que esto es necesario para las travestis y las mariconas?

Chile es un territorio con una memoria particularmente frágil. Como diría la José Carlos “lo que no tengo es mala memoria, sino memoria mala”, que es algo que me ha permitido reapropiarme de la injuria de la mala memoria, que es una injuria que se nos ha instalado. Pensemos en reflexiones cómo históricamente las travestis han sido reconocidas como sujetos ajenos al ejercicio político como tal, al ejercicio del activismo. Qué pasa, por ejemplo, con las travestis que durante la dictadura estudiaron sobre marxismo; qué pasa con las travestis que en un contexto de postdictadura respondieron a la falta de disenso.

A propósito, también de los acuerdos históricos que realizó el Movilh y que llevaron al quiebre de ese antagonismo, y que dio paso a un consenso institucional, y que dio paso al nacimiento de la disidencia sexual no como una identidad, sino que como una categoría y posicionamiento político crítico a las instituciones. Las instituciones que ahora no solamente cooptan la consigna de las disidencias como una identidad, sino que la plantean justamente desde las instituciones que han sido históricamente serviles a la represión política y a la represión cívica. En estos momentos donde se aplaude y se celebra una primera parlamentaria trans, que mientras explota y bebe, y saca rédito político de la represión política de las trabajadoras sexuales, está ahí defendiendo al más directo ejecutor de la violencia y la fuerza del orden en estos territorios que es en estos momentos Gabriel Boric.

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